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A 50 años de la invención de Led Zeppelin

    

Por Pablo Milani

 

 

 

 

 

A 50 años de la invención de Led Zeppelin

 

 

 

 

Led Zeppelin nace luego de una conjunción de hechos favorables y algunas casualidades. Jimmy Page, el

mentor y motor inicial de este proyecto,  tocaba en los Yardbirds hacia 1966, una banda de cierto renombre en

el circuito londinense de esa época y que además había hecho algunas pequeñas giras por parte de Europa

Occidental. Por sobre todas las cosas, esta banda se caracterizó por haber tenido virtuosos guitarristas en su

haber de la talla de Jeff Beck y Eric Clapton, ya en ese momento, glorias del instrumento de las seis cuerdas

por excelencia, pero numerosos conflictos personales terminarían con la banda.  Era 1968 y faltaba mucho por

hacer. Los Beatles habían demostrado que sí se podía hacer una música de masas. Melodías que penetrarían en

esos jóvenes que no estaban comprometidos con nada. En impecables trajes iguales, con su pelo largo para la

época, en todo su desparpajo y naturalidad conquistaron el mundo sin nunca proponérselo. Parecía que el

camino estaba hecho, era por ahí que había que seguir. En ese mismo camino los Rolling Stones daban cátedra

de cómo comportarse para hacer y vivir del Rock and Roll y salir airoso de ello. A fuerza de conciertos y

desenfrenos de todo tipo, estos muchachos bienaventurados estaban dispuestos a hacer de la música, su modo

de vida. Partiendo desde ahí, la mente de los jóvenes habían sido capturadas por una nueva manera de ser y

de sentir. Por primera vez se sentían libres, habían nacido durante la Segunda Guerra Mundial, en sus

recuerdos de infancia aún sonaban bombas y esa nueva música se convertiría en un nuevo mundo que

habitaban y despojado del anterior. Ya nada sería igual luego del tsunami provocado por un hombre blanco de

cuidado jopo y cintura movediza, de nombre Elvis Presley, desde las tierras sureñas de Tennessee en los

tempranos años 50. Un ser especial de sonrisa pura y frágil que detuvo el curso de la música en pleno estado

de bienestar y Guerra Fría. The Times Are A-Changin (Los tiempos están cambiando), diría Bob Dylan en 1967,

y vaya que lo era. John Paul Jones era un experimentado sesionista y ya había trabajado con bandas de la talla

de Donovan pero aún faltaba la otra mitad, dos personas que supieran cerrar el círculo para que sea la banda

más grande de todos los tiempos. Alguien le recomendó a Jimmy Page a un tal Robert Plant, oriundo de

Birmingham y Plant a su vez recomendó a un baterista que había tocado con él en Band of Joy, de nombre

John Bonham. Así fue que una tarde de diciembre de 1968 se juntaron en una sala atestada de cosas,

improvisada y con equipos prestados y empezaron a tocar. Más allá del entendimiento inmediato entre ellos, el

resto de la historia sucedió increíblemente rápido. El primer disco fue avasallador. Titulado simplemente Led

Zeppelin, comienza con Good Times, Bad Times, un estallido de dos notas que desencadenaría en una canción

entre suave y pesada con la perfecta conjunción de tres instrumentos más la voz. Esta sería la fiel característica

de Led Zeppelin que los acompañaría hasta el fin de sus días.

 

 

 

 

Led Zeppelin tomó elementos de los años 50, músicos como Muddy Waters, Chuck Berry, Bill Holly junto al

mismísimo Elvis Presley y algunos elementos pesados que serían su sello distintivo. Ese blues y Rock and Roll

van a ser sus libros de texto y lo convertirían en algo nuevo y audaz, jamás escuchado antes por nadie. Cuatro

lados que van a encastrar de manera única y apasionada. Despojada de cualquier elemento abrasivo, una

música que iría al compás de una época aún no definida. Una inédita forma de sentir que inauguraría la nueva

década y se mantendría a lo largo de todo su esplendor. Por primera vez una nueva música comenzaba a ser

masiva por afuera del pop. Bandas como Cream o Jimmy Hendrix Experience, empezaban a demostrar eso. Los

años 60 habían interrumpido la normalidad circundante. La despedida tuvo lugar en Woodstock luego de tres

días dejando por sentado que el rock no era sólo una moda. Mientras los 70 fueron una dura melancolía

producto de lo que quedó inconcluso la década anterior. Años contestatarios que despotricarían contra Vietnam

mientras el amor libre y el uso de drogas dejaban sus primeras víctimas. Esa generación tuvo que ver más con

una deconstrucción y Led Zeppelin estaba ahí para darle sentido a un nuevo propósito. Sus letras hacían que se

moviera a más rápida velocidad a un mundo ya adormecido y un tanto aburguesado. Sus cambios de clima y

prolíficas e inquietantes zapadas en sus conciertos abrían un nuevo campo de entendimiento frente a su

público. El Watergate dejaba en claro que los políticos habían fallado una vez más y la gente se manifestaba en

las calles en busca de justicia y más derechos.

 

 

Led Zeppelin atribuía sus hábitos de lujuria y magia negra a una libertad recién conquistada y sin prejuicios.

Ese desparpajo surgió de una juventud en tiempo presente, vívida y sin fronteras. 1969 los encontraría de gira

mientras se hacen un tiempo para darle forma a su segundo álbum titulado Led Zeppelin II. Canciones como

“Whole Lotta Love”, “Heartbreaker” y la dulce “Thank You” se convertirían en himnos y la banda adquiriría

identidad. Un disco más sofisticado que el anterior, nuevos arreglos y una producción más detallada, además

de tener composiciones dirigidas hacia un rock crudo, sin perder el encanto por el blues. Aquí los cuatro

músicos se consolidan como banda de rock con baladas estridentes. En vivo sus presentaciones son cada vez

más largas. La banda es rodeada por cierto misticismo con una mezcla de rebeldía y sensibilidad.

 

 

Led Zeppelin, junto a su manager, el inmenso Peter Grant, dejarían de lado toda distracción y se

comprometerían a desafiar la gravedad. 

 

 

A comienzos de 1970 aparecería Led Zeppelin III, un disco distinto, y realmente un marcado

desprendimiento de sus dos anteriores. Esta vez, el amor por el folk los pone en evidencia. Ahora el grupo se

consolida como una banda que puede captar distintos registros. El grupo rehúsa encasillarse en un estilo,

puede irse al folk, sin nunca dejar el blues y sentirse identificado con el rock. Claramente es un disco que se

identifica con el folk de California y en el que pararon un poco luego de tanta velocidad. El disco abre bien

arriba con la pegadiza “Inmigrant Song” y luego tiene un blues rompe cráneos que sellaría su intervención en

este género de la banda, la emocionante “Since I´ve Been Loving You”.

 

Cuatro músicos pelilargos y versátiles dispuestos a dar batalla. Voz, guitarra, bajo/teclados y batería. Una

aventura a flor de piel. No hay tiempo para mirar atrás, el presente se mueve hacia adelante y el futuro aún

está por descubrirse.

 

Comienza una nueva década, ellos se encuentran corriendo hacia un próximo concierto, ensayando una nueva

canción, pasaron apenas unos tres años desde que se conocieron.

 

 

Aquí la sociedad da nuevas lecciones, por un lado el mundo empieza a recomponerse luego de la guerra, pero

otra guerra silenciosa lo atraviesa todo. La llamada Guerra Fría divide al hemisferio en dos y el costado oriental

socialista se aísla a fuerza de endurecimiento dentro de una tensa calma. Occidente apenas disfruta de su

poder y deja en claro que no permitirá que el comunismo se apodere del globo. La Unión Soviética está

decidida a conquistar el espacio y EEUU inventa el hombre en la luna como el acontecimiento de ciencia ficción

más importante del siglo XX en el último año de la inoxidable década del 60. Pero esta lucha seguirá. Los

Beatles se separan y esa grieta será cubierta por las lágrimas de una generación que resiste el paso del tiempo.

Los cuatro fabulosos de Liverpool dejan de ser las caras lisas y sonrientes y pasan a estar cubiertos de largas

barbas y melenas por debajo de los hombros. Elvis se convierte en un irreconocible hombre pesado gracias a la

inserción de pastillas de toda índole. Esa inocencia inicial se había perdido. Claramente, lo que había presidido

Dylan apenas unos años antes estaba pasando. ¿Pero hacia donde iría un mundo sin los Beatles y con las

esperanzas de un mundo mejor destrozadas?

 

 

 

 

                                              

 

Mientras Led Zeppelin rompe todos los records de audiencia y de ventas de discos sin editar un solo simple, con

el paso inevitable del tiempo, se convertiría en esa banda que todos hubiesen querido estar. Una música tan

poderosa que hacía temblar la tierra, pero no por lo ruidosa, sino por cómo estaba tocada, interpretada y

cantada. Sus instrumentos y su voz eran mucho más que cada una de las partes. Sus conciertos demostraban

un dominio del escenario a prueba de todo, lo atravesaban y dejaban una rara sensación aún sin definición.

Alejada del público pero a la vez sintiéndose parte de él, como si los medios estuviesen mezclados con los fines.

Durante sus giras eran cuatro salvajes, en sus casas, normales hombres de familia alejados de la ciudad.  Sus

discos podrían ser interpretados desde cualquier punto del espacio. Un público rehén sin artificios dispuestos a

dejar su alma bajo un raro destello de luz. La década se abría hacia un nuevo escenario y Led Zeppelin estaba

ahí para absorberlo y disfrutarlo todo. Un quinto elemento se podía escuchar a lo lejos. Una insistente

esperanza clavada en los ojos. Un puente a medio cruzar y Escalera al cielo que es escuchada en la radio como

una suave llovizna entre las hojas de los árboles.

 

 

El cuarto álbum de Led Zeppelin no tendría título, sólo cuatro símbolos de cada uno de los integrantes. Ese

disco los llevaría hacia donde nunca habían ido. Canciones potentes y destinadas a vencer la velocidad de la

luz. “Black Dog”, “Rock and Roll” y el mencionado himno hippie por excelencia, “Starway To Heaven”,

desplegaría a la banda hacia nuevas latitudes. Un disco que representaría todo el abanico de posibilidades que

la banda estaba dispuesta a crear.

 

 

Sería difícil justificar el paso del tiempo entre semanas de siete días, noches estrelladas o tardes de lluvia. Aquí

pasaron los cuatro discos más representativos de Led Zeppelin, los cuatro hablan por sí solos y demuestran a

una banda sólida en su presente y segura en su futuro. De aquí en más, sus discos serían nuevas

demostraciones de talento, valentía y sacrificio marcada por el amor y desamor de una época y de un público

que no los abandonaría. Aún Led Zeppelin tenía mucho para dar.

 

 

Ellos fueron demasiado rápido, la década estaba apenas iniciándose, corría 1972  y Vietnam azotaba las tardes

ociosas de jóvenes perdidos en su propio laberinto. Mientras los Stones publicaban su disco más roquero de su

carrera, Exile on Main Street, desde su exilio en Francia, Led Zeppelin entrenaba sus huesos para una nueva

gira por EEUU y Europa. Nuevos desafíos para el concierto más largo y grande del mundo. La melena dorada

de Plant calzaba justo para las hazañas de la guitarra de Page y su arco de violín. Desde el fondo del escenario

Bonzo martillaba los parches de su batería Ludwig con violencia y sin pudor, mientras Jones intercambiaba su

conocimiento y versatilidad entre bajo y teclados. Sólo con ellos cuatro sería suficiente para alargar la paciencia

del mundo.

 

 

La arqueología artística de Led Zeppelin sobrevivió a su tiempo en plena efervescencia abriendo un espacio

nunca antes habitado por nadie. Un mundo exterior que se debatía en manifestaciones agitadas por un mundo

político que volcaba todas sus deficiencias en un público cada vez más desconforme.

 

Houses of the Holy, su primer título para un disco, fue la consecución de nuevos desafíos y también el que

tuvo más trabajo de estudio hasta ahora. Es un álbum más despojado y relajado que sus anteriores. Como si se

hubiesen tomado el tiempo para pensar y disfrutar de componer, tocar y grabar como nunca antes lo habían

hecho. Aquí el mito de la banda se desvanece y deja espacio para una nueva manera de abordar cada canción.

“No Quarter”, en una magistral interpretación solista de John Paul Jones en los teclados, logra un clima de

plena libertad para una banda ya experimentada. Led Zeppelin aquí parece alejarse de sus cuatro discos

anteriores y quiere empezar un nuevo camino, tal vez más tranquilos, con la satisfacción del trabajo bien

hecho. Tomándose el tiempo necesario para cada canción. El resultado fue realmente un desprendimiento de

sus antecesores y un nuevo punto de partida.

 

 

Houses of the Holy pudo haber sido el último disco de Led Zeppelin debido a la intención de uno de sus

integrantes a querer abandonar el grupo. Se trata de Jones Paul Jones, el hombre más callado y tímido de este

carruaje de cuatro ruedas. Led Zeppelin aquí se tomó un tiempo de descanso sin saber lo que iba a pasar, pero

luego, Jones cambió de parecer y se volvió a rearmar este rompecabezas apenas irrompible.

 

 

En 1975 editaron Physical Graffiti, definitivamente su disco más pretencioso, coherente, expansivo y extenso

de su carrera. Su primer disco doble y el debut de su propio sello, de nombre Swan Song Records. Led Zeppelin

estuvo trabajando por más de un año para la consecución de  este álbum. También fue su disco más expresivo

en cuanto a la variedad de recursos y de experimentación. El grupo sumó atributos con nuevos riffs con el

deseo de que su música transcienda y rompa definitivamente la insoportable levedad del ser. Con la canción

“Trampled Under Foot”, los cuatro fabulosos de los años 70 demuestran confianza volviendo a las raíces de sus

comienzos. Una canción decididamente larga y tormentosa entre cumbres y valles de guitarras destinadas a no

descansar nunca. Luego forman parte, “Houses of the Holy”, “Wanton Song” y “Custard Pie” que aportan

nuevos campos de introspección y audacia a la banda. Pero el tema seis del lado A sería la canción que llevaría

a la banda a la inmortalidad, “Kashmir”, sencillamente una obra maestra de principio a fin. Su canción más

ambiciosa y potente que reuniría sus virtudes y llegaría a ser la preferida por la propia banda.

 

La historia había llegado a mediados de los 70. Para entonces Vietnam ya había derramado demasiada sangre

en muchos años. Nuevos enfrentamientos recorrerían la nación estadounidense con cargadas manifestaciones

en contra del enfrentamiento bélico por más de una década. Finalmente EEUU se retira del país oriental y se

declara vencido pero nunca demasiado. Pink Floyd en 1973 editó su obra conceptual por excelencia de nombre

The Dark Side of the Moon. Génesis un año después inmortalizó su música para siempre de la mano de su disco

doble The Lamb Lies Down On Broadway dejando en claro que el rock progresivo tendría su obra más

representativa de todos los tiempos. 

 

 

En 1976 un nuevo disco saldría a la luz. Se trata de Presence, un álbum injustamente menospreciado por la

crítica. El que sería el último disco más emotivo y profundo de la banda. Un tanto irregular y también el más

triste, cargado de soledad y frustraciones. No era para menos, Robert Plant, había sufrido un grave accidente

de auto que casi le cuesta la vida y este clima se vió reflejado en el disco. Sólo siete canciones espontáneas,

todas eléctricas, melancólicas y sin teclados, con guitarras adelante y una voz en su mejor forma. El álbum abre

con la invencible “Achilles Last Stand” poniendo a la banda en un nuevo pico de interpretación y entendimiento.

El álbum cierra con la encantadora y susceptible  “Tea for One”, un descanso de blues y soledad.

 

A fines de ese año aparecería un registro en vivo llamado The Song Remains the Same. Un disco doble que

capta imágenes de tres noches en Madison Square Garden durante el verano estadounidense de 1973. También

salió editado la película siendo un paso obligado y una deuda pendiente de la banda a todos aquellos que

querían verlos en un momento de excitación y desenfreno.  Más allá de algunas desprolijidades en la filmación

con respecto a qué mostrar y cómo querer hacerlo, la película contiene escenas individuales afuera del

escenario de cada uno de los integrantes alzando aún más el mito de la banda. Hoy es un documento de culto,

imprescindible para aquellos fanáticos que quieren ver a Zeppelin tanto arriba como abajo del escenario.

 

 

Aquí es necesario detenerse. La segunda mitad del siglo XX estuvo marcada a fuego por la invención de un

nuevo lenguaje social y cultural, la música rock. Los protagonistas, ahora devenidos en estrellas indiscutidas de

su propia generación que los idolatraba, fueron el arquetipo de influencias, aciertos, crueldades y libertad en su

máxima potencia. Un período en el que los jóvenes reconstruyeron un camino antes destruido por la Guerra y la

desesperanza.

 

 

Hacia la segunda mitad de la década del `70, un nuevo descontento social irrumpiría en la sociedad de la mano

de la música punk. Este período se caracterizó por cierta pesadez y densidad, minada de excesos demasiados

fuertes de soportar, con altas tasas de desempleo y el ocio de una juventud sin rumbo.  El rock había pasado a

ser una expresión de y para los jóvenes a ser una herramienta más del mercado capitalista. Justamente el punk

nació para contrarrestar esa opresión. En sus inicios, el punk fue muy simple y crudo. En su gran mayoría era

una música que no se preocupaba por los detalles, descuidada y rudimentaria y a nadie le importaba

demasiado tocar bien sus instrumentos. Fue un movimiento contracultural que llegó a desafiar a la mismísima

Reina de Inglaterra. A ambos lados del Atlántico, fue un género que tuvo como máximos representantes a Sex

Pistols, The Clash, The Ramones, The Damned o Iggy Pop entre otros. Era una música urgente, de acordes

simples y rápidos, con mucha distorsión y alejada de los llamados ahora “dinosaurios del rock”. Bandas como

Led Zeppelin, The Rolling Stones, Pink Floyd y Génesis entre otras, fueron catalogadas como artífices de una

época que estaba dejando a gran parte de la sociedad necesitada afuera. El movimiento punk fue explosivo

desde la forma en que irrumpió en una sociedad aburguesada y con políticos una vez más incapaces de

solucionar las falencias de miles de contribuyentes descontentos. Con el tiempo, el género tomaría diferentes

caminos y recogería influencias de otros estilos musicales.

 

 

Hacia finales de la década, esas influencias desembocarían en otra música más elaborada y pensada. Con

cuidadas interpretaciones pero tomando la energía inicial del punk, la llamada New Wave. Bandas como Dire

Straits, The Police o Blondie serían algunas de ellas.

 

 

 

 

  

En todo este vértigo de música e ideas Led Zeppelin aparecería con un nuevo disco en 1979 llamado In

Through the Out Door. Un álbum, sin saberlo, premonitorio, el que sería el último de su efímera y extensa

carrera a la vez. De este trabajo discográfico se destaca una intensa labor de John Paul Jones en la producción,

composición y sintetizadores que le da al disco una cadencia especial. La banda adoptó alejarse de los riffs

pesados y de todo lo hecho hasta ahora y fue hacia un lugar más asentado. Los cuatro integrantes de la banda

habían crecido de maneras distintas y no parecían adaptarse del todo a la nueva década. Sin embargo, soñaban

con un próximo disco más duro, pero esta vez, el destino no lo permitiría. En septiembre de 1980 y en vísperas

de una nueva gira norteamericana, el grupo padece una abrupta e inesperada pérdida que será la despedida

para siempre de Led Zeppelin como banda. El baterista, John Bonham y amigo de Robert Plant es encontrado

muerto en la cama de la casa de Jimmy Page luego de una noche en el que había tomado mucho más de lo

que podía soportar. De aquí en más, no había más fuerzas para seguir. Algunos avances hubo, pero al poco

tiempo cada uno de los tres miembros restantes, más el manager Peter Grant, llegaron a la conclusión de que

era imposible seguir tal como estaban.

 

A fines de 1982 apareció Coda, un disco con recopilaciones varias de la última época y algunos excelentes

registros de épocas anteriores como “Wearing and Tearing”. Este álbum lo tuvo a Jimmy Page como

protagonista a la hora de elegir el material e introducir nuevas pistas, hacerse cargo de la mezcla y una vez

más, de la dirección artística. Y ciertamente fue el cierre definitivo de su sello Swan Song.

 

Con el paso inapelable del tiempo y alcanzados los 50 años del comienzo de esta aventura, los tres miembros

restantes de Led Zeppelin sólo se reunieron muy esporádicas veces, junto al hijo de John, Jason Bonham en el

lugar de su padre. Esas pocas veces fueron bastante fáciles de olvidar con excepción de la reunión del 2007

con edición de lujo en DVD incluido.

 

Led Zeppelin fue definida alguna vez por Jimmy Page como una banda creada con el corazón. Tuvo la valentía

sin pudor de proponer un nuevo camino musical y cultural a recorrer inmediatamente después de la erupción

de Los Beatles y una década anterior Elvis Presley. Catalogada como la banda que supo inaugurar una nueva

manera de encarar el negocio del rock, sin la edición de simples, convirtiéndose en los preferidos absolutos en

EEUU y dejando un legado que hoy músicos tan disímiles como Slash, Billy Corgan, Eminem o Sveven Tyler y

Joe Perry aseguran no haber existido como músicos sin el aporte de Zep.

 

Led Zeppelin es una historia de los años ´70, es la banda que supo atravesar una década violenta y carente de

significado, volcada al extremo hacia los conflictos sociales pero principalmente los excesos y la ostentosidad de

bandas que llegaron demasiado alto de una manera invasiva. Ellos, lo pagaron con la pérdida definitiva de uno

de sus integrantes.

 

Led Zeppelin se inició en una etapa del siglo XX en el que los buenos tiempos parecerían haber pasado para

muchas cosas. Ellos lograron reinventarse y atravesar un camino sinuoso, áspero, a veces cruel, pero

definitivamente necesario y vital para su generación y las que vendrían.

 

Con sus tres integrantes vivos aún y cumplidos los 50 años desde la iniciación de esa épica, bien vale

recordarlos y asegurar la vigencia de una música que supo trascender a su tiempo, por su calidez y originalidad,

y que hoy está más vigente que nunca.