Luca Prodan :: Brilla tú - diamante loco

 

Por Pablo Milani

 

 

Brilla  tú                                                                                                              

diamante loco

 

Luca Podran (1953-1987)

 

 

A 30 años de la desaparición física de Luca Podrán, vale la pena renombrar a este músico tanto como su época.

Nació en 1953 en Italia y estudió en Gordonstoun, un prestigioso colegio de Escocia, pero se escapó y terminó

en Londres y vivió el punk desde adentro. Tuvo diferentes trabajos y al mismo tiempo se las ingenió para

cobrar el seguro de desempleo y en ese camino conoció las drogas pesadas y su vida tomó un giro inesperado.

Llegó a tierra cordobesa en 1980 escapándose del infierno de la heroína de Europa luego de estar en coma

durante una semana y sentir la muerte de cerca. En ese entonces tenía 26 años y los tiempos de desenfreno le

habían jugado una mala pasada, su hermana menor se había suicidado junto a su novio después de inhalar

monóxido de carbono. En ese momento pensó que ya era suficiente y gracias a una foto que le envió su amigo

Timmy McKern desde Traslasierra, decidió venir. En plena abstinencia de la heroína después cambiada por el

alcohol y gracias a la familia de su amigo, el tiempo hizo que vuelva a interesarse por la música. Junto a

Germán Daffunchio, Alejandro Sokol, Roberto Curtet y su amiga, la baterista inglesa Stephanie Nuttal que hizo

venir desde su Manchester natal, le dieron forma a Sumo. Luego la banda cambiaría de integrantes y vendrían

otros pero la esencia ya estaba. En 1983 editaron de forma independiente Corpiños en la madrugada. Un

grupo nuevo con sangre italiana y experiencia del punk inglés junto a músicos de experiencias distintas pero

hacia un mismo objetivo, divertirse. Fue en esos años en el que el rock argentino pasaba por un momento de

aburguesamiento lleno de egos y de poses y Sumo pateó el tablero a fuerza de rock crudo sin

edulcorantes. Esa misma honestidad brutal y adrenalina fue clave para atravesar de lleno la crisis económica ya

en democracia que se debatía en el país. La famosa frase en plena campaña del ahora Presidente Raúl Alfonsín

de que con la democracia se come, se educa y se cura, daba los primeros síntomas de resquebrajamiento y

todo se tornó más complicado de lo imaginado. Sumo se forma como engranaje  de otras bandas, la

Hurlingham Reggae Band, Sumito y Ojo de Terciopelo. Ese puntapié inicial cambió la escena local: Alberto

“Superman” Troglio, Roberto Pettinato, Diego Arnedo, Ricardo Mollo y el ya mencionado Germán Daffunchio

junto a Luca serían los destinatarios. Con esta formación fue la banda por excelencia de mediados de los

ochenta, la que abrió un espacio y un lugar que hasta ese entonces no se había logrado. Fue la banda que

mejor supo entender el cambio de época post Malvinas. La que introdujo en la música una nueva forma de

decir y de tomar distancia de lo que se venía haciendo acá. En ese momento el rock, junto al país, se

desenredaba de los años de plomo de la dictadura y empezaba a dar sus primeros pasos. En Sumo no existía

una imagen cuidada, ni tampoco un asesor de prensa, ni un vestuarista ni maquillaje. Subían al escenario con

una producción artística muy básica, sólo se enfocaban en su sonido abrasador y una puesta de luces de tono

surrealista que miraban al público pero detrás de ellos. En ese sentido había una distancia abismal de lo que

pasaba en Buenos Aires. Grupos como Zas, Soda Stereo, Virus o Los Abuelos de la Nada cuidaban su imagen y

su vestuario como algo nuevo y de vanguardia dándole una altísima importancia a la estética visual. Sumo era

el reviente, el rock animal con una mente extranjera que había vivido el movimiento punk en persona. Luca

Prodan era alguien que no conocía a Spinetta, García, Pappo o Litto Nebbia, pero que había conocido a los Sex

Pistols, los Clash o los primeros Police. Sumo en poco tiempo le cambió la cabeza al rock argentino para

siempre. Una energía desbordante dispuesta a todo y tres discos consecutivos ahora bajo un sello multinacional

harían el resto.

 

Con el primero, Divididos por la felicidad(1985), bastaría para llenar ese vacío de rock

lánguido made in Argentina. Un disco visceral que sacudió la escena local y que partió en dos y de manera

tajante una época de tanto vértigo como de aburrimiento circundante. En la canción que abre el disco, La rubia

tarada, se pone en evidencia toda la astucia que la banda estaba dispuesta a dar. Luego vendrían Llegando

los monos(1986), el disco más profesional por excelenciay After Chabón (1987) un disco íntimo, indefenso,

que abre furioso con Crua–chan y que después se va desarmando en partes desiguales hasta llegar a su clímax

máximo con Mañana en el Abasto, quizás la canción más representativa de Luca en un momento de tanta

fragilidad. El idioma inglés en las canciones surte un efecto residual y a la vez hace de contraste en una época

en que el castellano en el rock ya era algo habitual. Por eso mismo, la música de Sumo es recibida por doble

impacto, por un lado su música rabiosa, militante, despojada de cualquier condicionamiento y por el otro lado

cantada en inglés de una forma bestial, efervescente, con un cantante calvo, en tiempos de esos raros

peinados nuevos. Él subía al escenario con el torso desnudo y a veces con un pequeño bolso en la mano y su

botella de ginebra en la otra como el resumen de todas sus pertenencias en este mundo, despojado de todo

interés material. Pero no todo fue rabia en la mente de Luca, en 1996, el que había sido el manager del grupo y

amigo personal, Timmy McKern, editó un compilado de Prodan solista llamado Time Fate Love. Allí se puede

apreciar la otra faceta del italiano, un poeta sensible con canciones que nada tienen que ver con el papel de

frontman de Sumo, la mayoría hecha en sus comienzos en Córdoba. En la canción que le da título al disco, él

dice: “El año era joven y muchas canciones estaban aún por ser cantadas / pero yo estaba triste y perdí las

oportunidades que nunca tuve / una chica se cayó cerca de mí, cerca de mi oreja y la vi sonreír / ella cambió mi

vida, llegó a ser mi esposa, antes de que me pudiera escapar”. La historia de Sumo es la historia de un hombre

inteligente y audaz que lucha con sus propios demonios, es el acontecimiento más emocionante y trágico del

rock argentino. Por su actitud, por su presencia en el escenario y por dejar una marca ineludible en la música

argentina. Luca fue el despertador, el guía espiritual de una banda de músicos que hasta ese entonces no había

encontrado su camino. La ferocidad de la última dictadura militar aún estaba muy cerca y el miedo alrededor

denotaba su presencia. Pero en ese intenso camino no todas fueron rosas, Luca había escapado de la heroína y

ahora se había inclinado por la ginebra sin límite. En realidad, su destino ya estaba marcado, nada había

cambiado, sólo el lugar y su entorno. La bebida pasó a ser su refugio como antes lo había sido la heroína. En el

seno interno de la banda, varias veces se intentó parar la máquina, internar a Luca en un centro de

rehabilitación. Pero dar ese paso significaba que Sumo dejara de tocar y eso conllevaba a dejar de vivir de lo

que les gustaba, por lo tanto, sólo se siguió en ese tren a toda velocidad sin pensar demasiado lo que les

esperaba.

 

En palabras de Jorge Luis Borges, una cosa es pensar en la muerte y otra es morirse y el día final fue

el 22 de diciembre de 1987. Luca Prodan, a los 34 años, fue encontrado sin vida en su casa del barrio de San

Telmo. La democracia también había traído tiempos violentos, sólo que esta vez con la palabra libertad

adelante y en mayúsculas, fue quizás inevitable el descuido sin freno de una generación que vivió durante años

amordazada. Tal vez en esa perplejidad es que Sumo ganó terreno frente a sus pares, por su entrega total y

valentía y no es que los demás no lo hayan hecho, sino que pegó más fuerte la presencia de un cantante tan

esencial como imprescindible, porque vivía al mismo tiempo aquello que cantaba. Pero el tiempo se había

acabado, pasó demasiado rápido y nadie se había dado cuenta. Fueron pocos años pero a la vez muy intensos

y la voz de Sumo acabó con su vida solo. El resto de la banda, sin Luca, se vio de repente sin su mentor,

perdido, sin esa magia que la caracterizó desde el principio. Terminaron siendo una batería de ex combatientes

después de una intensa batalla, ahora sin su capitán, un capitán que nunca quiso serlo pero que, sin

proponérselo, inevitablemente dejó esa clase de vacío imposible de ser llenado. Y entonces el fin, tratar de

reunir las partes rotas y seguir vivo ya de otra forma, en otro estado, a la intemperie, ya sin ese nombre que

los identificaba a cada uno. Se reinventaron con creces y de repente, sin saberlo, se pusieron fuertes, o en

realidad, sabían muy adentro de ellos mismos que algo así podía pasar de un momento a otro. En esa

desintegración surgió más música, ahora bajo otro nombre y con la suma de caras nuevas. Pero hay algo a

partir de ese momento que supieron para siempre, cada uno de ellos llevaría una parte de Luca consigo, cada

uno de ellos no olvidará jamás a ese hombre calvo, de aspecto raro, que no sabía una palabra de castellano y

que de un modo mágico y misterioso dejó un sentimiento y una forma de vivir que aún hoy es buscada cada

vez por más gente. Luca Podrán llegó al país en 1980 y partió de este mundo en 1987. Pocas veces han pasado

tantas cosas en tan poco tiempo y dentro de esa maquinaria resultó catalizador que un hombre haya descrito el

mundo desde un país tan lejano de su tierra y haya dejado lo mejor de sí en las mismas calles en las que aún

hoy se camina la realidad. Hoy acaso es discutible cuánto de responsabilidad tuvo la banda en lo que pasó.

Habría que preguntarse el porqué de dejar a un hombre enredado en la bebida viviendo solo en una pensión.

Encerrado en su propio laberinto. Brilla tú, diamante loco.