Cargar la suerte :: Andrés Calamaro

                               

 

 

Por Pablo Milani

 

Cargar la suerte

Andrés Calamaro

2018

  

 

      Andrés Calamaro (Buenos Aires, 1961) estrenó nuevo álbum dentro de un 2018 recargado, esta vez con el

premonitorio título, Cargar la suerte. Como si el cantautor del Salmón pudiese mirar el futuro y hasta poder

sentirlo. Este nuevo material encara hacia adelante y eso implica siempre un riesgo. Desde la tapa se ve la

figura del cantante en tonos de rojos y negros con los brazos abiertos recibiendo el horizonte del que parece

reírse y disfrutarlo aunque no lo sepa. “Dentro de la tauromaquia el cargar la suerte es como una verdad cada

vez menos frecuente, básicamente es ponerle el cuerpo al toro y torear más de cerca”, aseguró Calamaro en la

conferencia de prensa del Hotel Continental de Buenos Aires durante la presentación del disco. El decimoquinto

trabajo discográfico del ex Abuelos de la Nada luce despojado, sin culpa, en él atraviesa un presente sin

prejuicios y bajo el inconfundible sello porteño y urbanístico que conlleva su música. Sus melodías juegan a ser

escuchadas a veces en el recorrido de una ruta bien acompañado y otras veces dentro de una elegida soledad.

Su primer corte de difusión esVerdades afiladas”, con un sonido inconfundiblemente Stone. Es la canción que

abre el disco y en sus primeros dos versos, se confiesa: Atrapado por verdades afiladas / que me van a lastimar

de todos modos, como si ante todo estuviese diciendo que al fin y al cabo lo que cuenta es la verdad, la propia,

aunque duela. Su música deja un encuentro para ambientarse con el soul de “Transito Lento”, luego le siguen

“Cuarteles de invierno”, la melancólica “Diego Armando canciones”, “Las Rimas” y “Siete Vidas”. Este trabajo

también salió en formato Long Play así que la decisión de separarlo entre lado A y lado B se muestra como en

episodios. Son doce entreactos equilibrados con seis track´s por cada lado minuciosamente concatenados que

le dan vida en forma de canciones. El lado B abre con “Mi Ranchera”, una letra susceptible que describe una

pérdida amorosa: No hay derecho a tratarme de este modo / o es que acaso tú me ocultas un secreto / he

vivido, pero no aprendí a la fuerza / a olvidarte aunque no estés conmigo.Le sigue Falso LV con la banda

rockeando en su máxima expresión. Después “My Mafia”, “Adán rechaza”, “Egoístas” y para terminar la

pegadiza y romántica “Voy a volver”. Esta canción, dice: Alguna vez me quise ir / allí dejé lo que perdí / apenas

pude rescatar / algunos discos viejos / y los reflejos del lugar / de donde soy.  Quizás en sintonía de una

despedida o en un hasta luego para los fieles seguidores del ex Los Rodríguez.

 

                                                             

 

                       

 

 

      Cargar la suerte es guiado por una sensación de libertad que se ubica en un minúsculo tránsito de una

forma de vida a otra aunque siempre sea la misma. Estos dos lados constituyen dos mundos aislados y aunque

estén separados no significa que no tengan relación, inevitablemente existe cierta correspondencia. Tal como

en el mundo inteligible y el mundo sensible de la Atenas de Platón, Calamaro se predispone a intervenir en su

propia búsqueda sonora cruzando puentes bajo un discurso poético y seductor. En el articulado de canciones

lideran los riffs de guitarras adelante dispuestas a correr a toda velocidad en una carretera vacía. Calamaro está

dispuesto a dar batalla en cada renglón con su voz inconfundiblemente porteña y también madrileña para

ambientar Cargar la suerte.

 

 

 

      El disco fue grabado en Burbank de Los Ángeles, California y la gran mayoría de las canciones fueron

compuestas por el mismo Calamaro y Germán Wiedemer, actual director musical y pianista de la banda del

cantante. Gustavo Borner oficia de ser el ingeniero de sonido, el mismo que trabajó con artistas de la talla de

Juanes, Roberto Carlos y Phil Collins. El arte de tapa estuvo a cargo del prolífico artista español Álvaro Pérez

Fajardo. Juntos conforman un equipo compacto y lejos de cualquier liviandad. Cargar la suerte insiste en vivir

una vida en presente que no reniega del pasado, sino más bien que toma lo que le importa para ir hacia un

futuro inevitable y a punto de ser descubierto.

 

                           

                   

  

      Lo nuevo del autor de “Flaca” se presenta en doce cuerpos como verdades sin dejar espacio para la reflexión

en un alarde rico en melodías dándole rienda suelta a un rock clásico en su mejor forma. En pocos más de 40

minutos Calamaro deja en claro que aún le queda mucho por decir mientras haya inspiración y contenido

musical. Esta es una placa con sentido y sacrificio, un viaje que se disfruta y que insiste en volver a ser

escuchado.

     La superficie de este disco invita a una cierta inocencia en el que se destacan la paciencia y dedicación de

su armado. En un músico con 40 años de trayectoria es inevitable evitar algunas comparaciones de sus

anteriores trabajos, pero sin duda, éste forma parte de los puntos más altos del autor que nació el mismo año

en que el Che Guevara pisó por última vez suelo argentino, más no podía pasar desapercibido.

 

      Cargar la suerte deja un oído distinto una vez que termina la ansiedad de escucharlo y ya después, se

empieza a disfrutar. Cada canción se traduce en epílogos que deambulan hacia un único destino, volver a

cargar la suerte, no sólo la del músico que alcanza los 57 abriles, sino al congestionado oído argentino tan

precipitado por volver a escuchar un artista que supo verter las heridas del tiempo y convertirlas en canciones

inolvidables.