El invierno llega después del otoño

  

Por Pablo Milani

 

 

El invierno llega después del otoño (2016)

 

Guion y Dirección: Malena Zolarz y Nicolás Zukerrfeld

 

 

En la primera escena está el significado y el significante de la película El invierno llega después del otoño,

escrita y dirigida por Malena Zolarz y Nicolás Zukerfeld. Una mujer sale de un bar de Palermo y pregunta por la

parada del 39. Un hombre sale después del mismo bar, en otro registro lejanamente distinto. Apenas conversan

y se despiden. Ella sería el invierno y él el otoño.  En ese destiempo transita la película. Ella parece estar una

estación más adelante, él quedó algo enredado en lo que pudo haber sido y ya no es. A veces lo que pasa

luego de una separación parece carecer de sentido y destino, y mientras tanto, hay cosas que se reconfiguran.

Una misma ciudad cambia de forma. Se resignifican ciertos lugares por otros. Se ven las mismas caras con

otros ojos. Se hacen las mismas cosas de modo distinto. Una instancia que desconfía más que antes, pasos que

se dan y no siempre hacia adelante, sino más bien dentro de un laberinto, seguramente de modo inconsciente.

Ese mismo entorno que lleva a querer y a no querer pasar por donde antes se ha caminado. El invierno llega

después del otoño trata sobre qué es lo que pasa después de una separación pero sin dramatizar nada. En

una constante flotación, los personajes protagónicos de esta historia, Pablo (Guillermo Massé) y Mariana

(Marina Califano) no se juegan, más bien se dejar ir y es el paso del tiempo el que los arrastra hasta saber qué

pasa después, aunque no pase nada. Eso que se intenta reconstruir siempre es diferente de cómo era antes.

Aquí no hay fuerzas opuestas. No hay ningún vínculo que intente romperse o quererse recomponer. Es una

deconstrucción que se nutre de mañanas y tardes y noches con otros. De ocupar ese tiempo ahora vacío, de

una esquina rota, de un trabajo nuevo, un recuerdo que se desdibuja y un futuro nada premeditado. Los

personajes que transitan la película de Malena Zolarz y Nicolás Zukerfeld no buscan nada en especial.  

 

 

El invierno llega después del otoño carece de toda pretensión. Los diálogos armonizan con la descripción

de una Buenos Aires benevolente y dispuesta a no conceder ningún secreto. La conexión entre la ciudad y sus

personajes es inmediata. El tono de la película hace que ningún conflicto suceda en el minuto siguiente, y le

queda bien. El film goza de la comodidad de un presente que se vuelve pasado y a la vez no planifica ningún

futuro. No hay nada forzado. La fotografía a cargo de Fernando Lockett es su punto más alto. Las locaciones y

cada gesto de los personajes están bien cuidados. Ellos dialogan con la tranquilidad de no querer cumplir

ningún sueño, simplemente viven. La música que suena en una fiesta trabaja como divertimento. Melodías de

los 80´s se mezclan entreverando un pasado, con cierta reminiscencia y melancolía. Pablo y Mariana ya viven

vidas separadas, no hay conflicto. El invierno llega después del otoño quizás cuente con una carencia, el

final deja demasiado en manos del espectador y esto puede llegar a opacar el resultado final, pero también es

cierto que la película se ve como en un fragmento de algo más largo, sin principio ni final.

 

 

La película se estrenó en BAFICI 2016, pasó por el cine Gaumont en julio 2017 y hoy se puede ver por acá:

https://www.qubit.tv/