Reseña :: Recién despierta :: Luciana Ravazzani

 

Por Pablo Milani

 

 

Luciana Ravazzani 

Recién despierta

 

Alción Editora

106 páginas

 

 

“Todo empieza en la templanza de un clima que no lastima”, así describe Leticia Martin en el prólogo el nuevo libro de

Luciana Ravazzani, Recién despierta (Alción Editora, 2017). El libro está dividido por las cuatro estaciones del año, cuatro

estados de ánimo que vinculan la escritura de Luciana Ravazzani (Buenos Aires, 1981) como vasos comunicantes que no

dividen, sino que multiplican emociones en un hábitat “de palabras que saben defenderse por sí solas.” El prólogo antecede

y atestigua lo escrito por Ravazzani de manera eficaz y se involucra en la tensión hecho lenguaje. El prólogo es cómplice de

los cimientos que conlleva el libro, describe el ecosistema de lo que viene después. Lo inconsciente de este libro está en la

intención que interpreta la voz inicial de Leticia Martin como espacio para luego ser construido. Es un libro donde la palabra

siempre, no existe. “Quiero una bandera que diga a veces”. En Recién despierta Ravazzani no está sola, entre una

palabra y otra, hay otras que funcionan como fuerza magnética; voces como Joaquín Giannuzzi, Olivero Girondo, Diana

Bellessi, Olga Orozco. Las utiliza como acompañantes de un camino con esa clase de esperanza que conoce la desilusión.

Se entrelaza, analiza, deja ver. Ravazzani desconfía de muchedumbres y como una herida nocturna, es consciente de que

la vida a pesar de todo continua, sin interrupciones. Recién despierta arma y desarma la palabra como reflexión de otra

vida que se podría haber vivido pero que terminó siendo ese instante modificante. “No estamos muertos de miedo.

Estamos vivos de miedo buscando donde trasplantar el corazón.” Ravazzani habla de un Rey Muerto refiriéndose a la falta

del Gran Amor, así, con mayúsculas, por eso escribe. Y en ese instante se deja escribir y abre una esperanza. Se enamora

y después no. Ella comprende que ese amor es también los otros. “El amor es correr un mueble con la fuerza de dos.” Y

entiende que en el desamor también se escribe. “Hay una vida privada que vuelve a ser de uno solo. Ya no hay testigos

para la desnudez.” Enumera las vicisitudes de un amor convertido en desamor, ahora hay una vida que no se

comparte. Lo privado cambia de forma y encuentra lugares y conversaciones de otros modos. Rescata a Olga Orozco para

describir como ninguna otra ese traspaso inevitable en el que se muere un poco cada día.

Pero hay sensaciones que pululan como fragmentación, en recuerdos extintos. Mientras lo nuevo se presenta en bruto, lo

viejo es lo que no se deja ver y se esconde sin dejarse atrapar. Ya no es una condena, más bien es un registro tímido que

camina a oscuras y demora la pendiente natural de un terreno pantanoso. “No quiero bolsillos de piel para amontonar.

Tampoco un cuerpo con cajones a medio abrir.”

 

Recién despierta es, en palabras de Leticia Martin, un renacer, un recomenzar, y es ahí donde las estaciones se cruzan

en movimiento y expulsan al día lo que ya no servía. Es esa vida que insiste en querer seguir, aunque a veces no encuentre

una razón.