Entrevista :: Juan Terranova

 

Por Pablo Milani

 

 

 

Entrevista a Juan Terranova

 

"Nosotros perdimos la guerra pero ellos son los que viven con miedo."

 

El periodista y escritor escribió la novela Puerto Belgrano (Literatura Random House, 2017). La historia de un médico

cirujano de la Armada que es elegido para formar parte del Crucero General Belgrano. Aquí habla del místico Atlántico Sur,

las Islas Malvinas, la ansiada soberanía y una vez más, si es posible separar la guerra de la última dictadura. Actualmente

coordina el área de investigación del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

 

 

Dedicas Puerto Belgrano a la memoria de Carmelo Terranova.


¿Quién fue Carmelo Terranova?

Es mi abuelo, en realidad se llamaba Carmine Terranova. Cuando él viene a la Argentina le “castenillaron” el nombre y le

pusieron Carmelo y yo lo conocí con ese nombre. Mi abuelo hizo el servicio militar obligatorio del fascismo, duraba dos

años. Él venía de una familia de campesinos y vivía en San Marco, Cosenza. Cuando está por terminar el servicio militar se

da la primera avanzada italiana en Yugoslavia y así se desencadena un poco la participación de Italia en la Segunda Guerra

Mundial. Está movilizado alrededor de ocho años con aventuras que él no contaba pero que yo fui conociendo a partir de la

historia familiar. Una de las cosas que yo siempre decía es que iba a escribir la historia de mi abuelo a partir de la relación

de mi padre y pasó que primero se murió mi abuelo y después mi padre. Él también nació en Italia, nació en 1947 y en

1949 vinieron a la Argentina. La verdad es que mi abuelo no hablaba mucho, tampoco hablaba bien español. Mi viejo había

escuchado algunas anécdotas y me las contaba cada tanto. Y yo tuve un hijo en 2014 y le puse de nombre Carmelo, así

que la dedicatoria es un poco recuperar el nombre familiar y quizás señalarle al Carmelo Terranova argentino de dónde

viene.

 


¿Y la historia de la tapa? ¿Cómo surgió?

Yo hablé con Juan Manuel Coronel, un conscripto que estuvo en el General Belgrano. Hablé varias veces ocasionalmente,

nunca lo entrevisté, me hacía comentarios y partir de lo que me comentó también César Trejo, que es otro excombatiente,

fui perfilando la idea de escribir una novela. Al principio era mucho más compleja y cuando me di cuenta que eran

demasiadas historias, no la iba a poder escribir. Y en ese momento me ayudó mucho un libro que se llama Desde la Balsa –

entre la angustia y la esperanza – de Alberto Nicolás Deluchi Levene, esa fue la génesis del libro. Cuando entrego el libro

en la editorial me dicen que la foto que había elegido no les convencía. Y me fijo en los créditos de la foto y era la mano de

Juan Manuel Coronel sosteniendo una foto de él en las prácticas del Belgrano. Entonces hablé con Glenda Vieytes, mi

editora en Sudamericana, y le dije, tiene que ser esta foto. A mí me gusta mucho porque es el documento enmarcado en

esa mano sucia y me parece que la novela en ese sentido tiene eso. Está muy documentada pero tiene un marco de

ficción, de desperdicio, de aquello que no sirve, que me gusta.

 

 

Hablás de ese hombre de manos sucias. El personaje de la novela dice que el hombre tiene necesidad de

luchar. ¿Fue una cuestión de poder entonces? ¿Crees que la Guerra de Malvinas fue algo necesario?

Es una buena pregunta, no lo sé. En un momento empecé a leer sobre las teorías de la guerra y la verdad es que los

hombres todavía no descubrieron porqué hacen la guerra. No hay una respuesta unívoca sobre eso. Hay guerras que se

hacen por exceso de riqueza, hay guerras por pobreza, hay guerras por poder, hay guerras que se hacen por capricho, hay

guerras que se hacen por necesidad. Hay guerras determinadas por estructuras económicas y hay guerras que no. Hay

guerras en democracia, hay guerras en dictadura. Y nosotros como historiadores vamos a encontrar una serie de motivos

particulares para la Guerra de Malvinas, pero que no son aplicables a otras guerras. Yo creo que la Guerra de Malvinas se

produce porque Galtieri compró la versión de que Estados Unidos no se iba a meter y Anaya, que era el hombre más

importante de la marina, le había dado su apoyo para que fuera presidente siempre y cuando atacara las Islas Malvinas y

recuperara la soberanía. Los militares tenían una idea muy paranoica de lo que era la vida, me refiero a los militares de

1976 en adelante, especialmente guerreros. Ellos buscaron todas las hipótesis de conflicto que tenían y las evaluaron. Me

parece que ellos estaban más preparados para hacer una guerra con Chile. En 1976 envían una misión militar disfrazada de

científica a la isla de Thule y no pasa nada y ellos entienden que había que resolver por la fuerza el tema de Malvinas. Así

que esa hipótesis de que fue un manotazo de ahogado para quedarse en el poder es bastante relativa. Ellos tenían la idea

de un Estado beligerante y paranoico. Es verdad que desde los tiempos de Onganía que no figuraban como guardianes de

la soberanía, pero empezaron a tener funciones policiales, bancado por Estados Unidos o por las tácticas

contrarrevolucionarias francesas. Hubo mucha inexperiencia y mucha torpeza. Galtieri era un tipo muy tonto.

 



Hablas de la derrota y en una parte, el personaje de la novela, Eduardo Dumrauf, dice que el Atlántico Sur es

la casa de todos los miedos. O sea que de algún modo fuimos derrotados en nuestra propia casa. ¿Te parece

que ese es de algún modo el cordón umbilical que nos sostiene hasta hoy? Un tema que no sabemos todavía

cómo resolver, cómo abordarlo.

No tengo una respuesta, por eso escribí la novela. Creo que el Atlántico Sur es muy misterioso, muy agresivo, es muy rico

en muchos sentidos. Somos el segundo país en el mundo con más soberanía marítima, la primera es Australia. La Argentina

es un país marítimo, sin embargo es un país más concentrado en los valores agropecuarios, lo cual es lógico. El Atlántico

Sur es a la vez tenebroso y magnético, muy del romanticismo alemán. Por eso él escucha Warner. Sí, me parece un lugar

que junta el pasado, el presente y el futuro a la vez.

 

 

Deluchi Levene en su libro que recién mencionaste, Desde la Balsa –entre la angustia y la esperanza- dice

que entre dos adversarios de la marina hay un enemigo en común, que es el océano. Hoy, con varios

testimonios ingleses confesando que pudieron haber perdido la guerra, parece ser que el único vencedor de

este conflicto fue el Atlántico Sur y más aún con la pérdida del General Belgrano. ¿Qué pensás de eso?

Si, puede ser, es una manera de leerlo. Gran Bretaña se va a terminar retirando de las Islas Malvinas, no lo puede sostener

mucho tiempo más. Ellos la tienen que devolver. Nosotros perdimos la guerra pero ellos son los que viven con miedo. Ellos

saben que están metidos en un lugar que no es de ellos, es así.

 

 

La guerra genera una extrema simplificación lógica. Se vive o se muere, se mata o se es muerto, dice el

personaje de la novela. ¿Qué pasa con la posguerra? ¿Cómo se vive?

Es todo lo contario. Es el enrarecimiento y el extrañamiento de la experiencia por excelencia. Tiene todos los problemas de

la vida civil más todos los que conlleva volver de una guerra. El soldado que vuelve de la guerra es como un arquetipo. El

que se encuentra con la vida civil y no la entiende. La vida civil es muy complicada para él. Atraviesa la simplificación total

de la experiencia extrema y todo eso le parece banal, le parece estúpido, agresivo. La película Rambo, es, por definición, la

vuelta del soldado. Es la experiencia de Vietnam, una guerra que se pierde. ¿Cómo vuelve un soldado vencido a la guerra

civil? Ayer entrevisté a un médico militar y me dijo, “Cuando terminé la guerra me faltaba algo”, y le pregunto, ¿Qué? “En

ese barco, volviendo a Buenos Aires había demasiado silencio”.

 

 

¿Se puede separar el conflicto de Malvinas de la dictadura?

Yo creo que no es una pregunta, es una problemática, un debate. Para algunas cosas conviene, para otras no. En algunos

momentos se puede, en otro no se puede. Yo trabajo en el Museo de las Islas Malvinas con una persona que quiero mucho

y aprendí mucho de él que se llama Mario Volpe, excombatiente del Regimiento 7 de La Plata. Él estuvo en el Monte

Longdon. Aparte de ser un excombatiente, es un intelectual. Es alguien que puede pensar la geopolítica de una manera

increíble. Es un hombre muy preciso y con mucho conocimiento. Es alguien que milita hace 35 años en el tema Malvinas. Él

es un referente en los Derechos Humanos, entonces él va a pensar la Guerra atada a la dictadura. Yo aprendí mucho de

esa posición. También entiendo que hay cuestiones de la historia bélica que si uno lo mira solamente desde el punto de

vista de los Derechos Humanos o de la dictadura, se pierden un montón de cosas. Hay algo de lo técnico que está

pendulando entre la dictadura y la guerra. Durante la Guerra de Malvinas hubo represores que siguieron haciendo las

mismas tareas policiales y de tortura que cumplían antes de la guerra. Hay una lista de 100 o 120 personas que la estamos

completando en el Museo de las Islas Malvinas. Eran hombres que venían de trabajar como represores, iban a Malvinas y

llevaron eso. Y curiosamente algunos eran agresivos con los ingleses pero otros eran agresivos con la propia tropa, lo cual

daba una especie de ejército kafkiano en el cual los oficiales torturaban a sus propios soldados. Hoy hay casos conocidos y

hay mucha luz sobre eso. La sociedad sabe que esas situaciones de tortura en las Islas existieron y ahí te muestra la

crueldad y estupidez de esos oficiales. Y esto es muy contradictorio porque muchos de esos oficiales después se rajaban

del frente o al contrario, combatían contra los ingleses con mucha bravura. ¿Qué les pasaba por la cabeza? Es muy difícil

entender hoy, después de 35 años de democracia, la cabeza de un milico en ese momento.

Hay una anécdota que me contó Mario Volpe, después de atravesar toda esa situación tan penosa, de estar en las

trincheras, él era médico. Cuando él volvió el Regimiento lo invitaron a comer un asado, y la invitación decía: Cuando

termine el asado se va a rifar un televisor color. Fijate la torpeza de esos tipos.

Yo creo que los militares en la Guerra de Malvinas fueron para atrás. Ellos no querían la guerra, ellos provocaron y después

llevaron a los soldados. Armaron un dispositivo arcaico, con trincheras. La fuerza aérea fue la última que se enteró, la

marina se retiró después del hundimiento del General Belgrano. Hay un montón de cuestiones que merecen ser estudiadas.

La relación con la dictadura es muy importante. Los generales funcionaban con mucha impunidad. La experiencia extrema

de la guerra genera esas contradicciones.

 

"La Argentina es un país marítimo, sin embargo es un país

más concentrado en los valores agropecuarios. El Atlántico

Sur es a la vez tenebroso y magnético, muy del romanticismo

alemán."

 

 

Hace unos meses posteaste en twitter que este siglo debería llamarse el siglo de internet. Y en la novela,

escrita desde el siglo XX, Eduardo Dumrauf mira al siglo XXI diciendo que va ser un siglo indiferente, y que

esa indiferencia se va a transformar en una epidemia. Pregunta: ¿Internet nos terminó salvando de esa

epidemia, o la epidemia terminó siendo internet?

¡Qué pregunta difícil! No tengo respuesta, las dos cosas te diría. Internet es el veneno y el antídoto al mismo tiempo.

 

 

¿Este siglo puede llegar a ser el siglo de la soberanía de Malvinas?

Sí, definitivamente. En 2041 vence el Tratado Antártico. Tenemos que estar preparados los argentinos. Es la nación con

más presencia antártica en continuado, aparte estamos muy cerca. No hay que pensar en Buenos Aires, París, Londres,

Nueva York, más bien pensaría en Buenos Aires, Santa Cruz, Punta Arenas, Malvinas. En 2041 vamos a tener que pensar

qué hacemos con las Malvinas porque los ingleses también tienen pretensiones en la Antártida. Pienso que quizás en el

siglo XXI la Argentina empiece a ser un país marítimo.

 

 

¿Crees que la historia de Argentina y Malvinas es una historia de amor destinada a terminar bien?

Yo no sería tan ingenuo, pero me voy a jugar a decirte que sí. Los argentinos somos muy malvineros. Vos hablas con

cualquier argentino y te dice que Las Malvinas son argentinas. Es un sentir nacional y está en la Constitución Nacional

además.

  

En estos 35 años y después de los primeros años de indiferencia y luego de cierto reconocimiento. De ese

abrazo políticamente hablando que tuvo el kirchnerismo para con ellos ¿Cuál es el estado interior de

Malvinas? ¿Ese que nos costó tanto enfrentar como sociedad?

Son unas Islas muy místicas. Malvinas es una máquina de generar historias. Cuando entras en el mundo malvinero, lo que

encontrás son muchas historias. No es que cada veterano es un libro, cada veterano son dos o tres libros. Y cada vez que

hablas con uno de ellos salen otros libros. Hablas con los pilotos que van hoy a Malvinas y te cuentan historias. Hablas con

la gente que vive hoy en Malvinas y te cuentan historias. Hablas con la gente que fue a Malvinas y la Antártida hoy o hace

50 años y te cuentan historias. No es sólo la guerra, es mucho más que eso. Son 500 años de historia. No es sólo Malvinas,

el mismo Atlántico Sur es una máquina de generar historias.