Entrevista :: Patricia González López

 

Foto: Jenny Capurso

Por Pablo Milani

 

 

Entrevista a Patricia González López

 

“Yo pienso en la poesía como una inmolación”

 

 

Es Licenciada en Relaciones Públicas y cursó una maestría en Comunicación y Cultura en la Universidad de La Matanza.

Participó en las antologías Poesía bajo la autopista I y II (Clara Beter), Tres versos, un lírico (Tres + 1),  Libro vivo (Milena

Caserola, El asunto),  Poesía Llanto de mudo 1995-2015 (Llanto de mudo). Publicó Indecible (Poesía, Milena Caserola, 2009),

Dos de azúcar (Narrativa, Milena Caserola, 2010), Maldad, cantidad necesaria (Poesía, Milena Caserola / Llanto de mudo,

2013). Compiló el libro Esto pasa. Poesía en Buenos Aires (Poesía, Llanto de mudo, 2015) y publicó en abril Doliente (Poesía

Cospel, 2016). Este año cumplió 30 años y asegura que en su vida hizo un montón de cosas pero hay algo que nunca dejó de

hacer, escribir poesía.

 

 

¿Cuál es tu primer recuerdo con la palabra escrita?

Me acuerdo cuando iba al colegio y empecé a escribir poesía, tendría 12 años. Hay un poema de Quevedo que

dice: Cualquier instante de la vida humana / es nueva ejecución, con que me advierte / cuán frágil es, cuán

mísera, cuán vana. Me parece que cuando leí ese fragmento me provocó algo adentro mío, me impactó. Y

después me pegaron otras cosas, El Principito, por ejemplo. Tiempo más tarde me regalaron Cartas a un joven

poeta de Rainer María Rilke, un libro que me marcó mucho.

 

  •  

¿Cómo fue ese puente desde la palabra escrita a crear tus propias palabras?

La noche que escribí mi primer poema fue por una amiga que me había desilusionado. Yo estaba muy triste. Me

acuerdo de haber visto una entrevista a Emanuel Ortega en lo de Susana Giménez. Ella le dijo que admiraba a

la gente que podía expresar sus sentimientos, aquellos que podían escribir sus propias canciones. Ella dijo que

tenían un don, que era muy difícil hacerlo y que los admiraba. Eso fue suficiente para que yo diga: Yo quiero

estar ahí, formar parte de eso. La combinación de esas tres palabras me hicieron escribir, yo de chiquita me

quería destacar. En realidad me quería comprar una vanidad, ser admirada. Leía las enciclopedias para estudiar

épocas históricas. Una vez escribí un cuento que se llamaba “La tragedia de Baalit*”  Ese nombre lo saqué de

una diosa, después ese mismo nombre se lo puse a una perra que tuve. El texto aún lo tengo en mi

casa. Mi caso es raro, en mi casa no había libros. Estaban los que utilizaba para el colegio, porque yo era muy

estudiosa. En el momento que vieron que a mí me gustaba leer y escribir, ahí empezaron a regalarme libros.

Tenía una profesora de Literatura de apellido Montoya que no quería nadie y yo siempre me sacaba 10, ella

tenía un método muy estricto. Tenías que escribir sin regla, con mano alzada. El título del cuento lo tenías que

poner de una manera, tu nombre de un lado, la fecha del otro. Era muy exigente con eso. Y en general la

materia no la aprobaba nadie, excepto yo. Encaraba a las maestras con mis textos y les decía: “Yo escribo pero

no sé”, entonces me corregían los verbos, me aconsejaban.

*Esposa de Saturno y diosa de sirios y fenicios, que solía identificarse con Venus o diana y también con Astarte.

 

 

¿Cuáles son las razones por la que seguís escribiendo poesía?

Cuando empecé a escribir, mi tema era la amistad, era lo que me acongojaba en ese momento. También sobre

la muerte, me preguntaba sobre el fin del mundo. Y eso tiene que ver con lo que me preguntaste alguna vez

sobre el miedo*. Y después, cuando me enamoré por primera vez, escribí sobre el amor. Siempre muy

idealizado. Y hoy me inspira mucho el amor desde un punto universal, no sólo el amor de pareja.

*Se refiere a esta entrevista https://revistadamasco.wordpress.com/2013/10/30/patricia-gonzalez-lopez-busco-reflejar-la-miseria-humana/

 

 

¿Pudiste definir el amor?

Mirá, una de los poemas que escribí hace poco, dice: Amar es entender el trauma del otro / aún nadie me amó.

En los encuentros con las personas, más allá de los gustos de cada uno, están los mambos que vienen de un

lado y los que vienen del otro. Y el tema es que si los mambos encastran va todo bien, pero si no encastran, no

va a durar mucho. Para mí el amor pasa por eso. Y si estás con una persona que niega su problema, no hay

evolución. Ahora cuando vos entendés el trauma del otro, juzgas menos, y entonces podes abordarlo de un

lado más inteligente, sin tanta especulación. Y eso en general no pasa, o es muy difícil. Ante el primer mambo

hay un escape o un, yo soy lo más y el otro es lo menos. Hay un tema de sobreestima. La cuestión es el

encastre, no hay normalidad.

 

 

¿Al escribir sobre el amor lo comprendés mejor?

Cuando escribo sobre el amor es como que lo armo y lo desarmo, lo vomito. Hace poco me pasó con un poema

que escribí: No te puedo olvidar / porque cada vez que entro al subte /  los alientos ácidos son los que más se

repiten /  y me hacen acordar a vos. Es un poco eso, una burla, pero que a la vez es un recuerdo que me

provoca sensaciones y a la vez uno sabe que perdió algo que no estaba bien para uno. En cierta forma es algo

que uno sigue buscando o extrañando. Es una manifestación de un recuerdo, de algo que quedó dentro tuyo.

Ahí llego a mis propias conclusiones y en la vida real no es tan así. Siempre prefiero el decir en la poesía.

 

 

¿En qué momento te diste cuenta que la poesía podía llegar a ser un canal de expresión?

Yo hice un montón de cosas y me di cuenta que a los 20 años era lo único que no se había terminado. Había

ido a baile, a teatro, había hecho gimnasia. De hecho hice el profesorado y soy profesora de gimnasia. También

quise ser actriz. Y todo eso en algún momento caducó. Desde los 12 años a los 20 me di cuenta que lo único

que no dejaba de hacer, era escribir poesía. Ahí me di cuenta que era algo que no quería dejar de hacer.

Escribía en cualquier lugar, en los trabajos, en el colegio, en la facultad, en el medio de un parcial. Y siempre

me gustó compartir lo que hacía. Yo era la poeta de todos los lugares de los que formaba parte. Siempre fue

un canal de expresión muy importante para mí y de alguna manera fui haciendo mi huella.

 

 

Pensé en preguntarte por tus influencias, pero al leer tu poesía siento que tu máxima influencia

son tus vivencias y eso lo convertís en una forma de denuncia. ¿Es así?

Sí, a mí de hecho me da vergüenza. Yo leí a Fabián Casas porque me dijeron que me parecía a él y me gustó

muchísimo. El otro día con unos amigos leímos el poema de la basura*. De los 12 a los 15 años abría el

diccionario para aprender palabras nuevas. Me seleccionaba qué palabras quería que aparecieran en un poema

y lo hilaba a partir de algo que escribía. Me parece que escribo desde la representación. Después fui

privilegiando cosas que tenía ganas de escribir antes que las formas. Y ya no pensé en palabras, era y es lo que

mí me pasa.

* Se refiere al poema Sin llaves y a oscuras

 

Doliente es tu cuarto libro. ¿Existe el paso del tiempo en la poesía?

Es cronológica como las palabras o las letras. Yo en el primer libro tenía una concepción del amor muy idealista

y después me fui oscureciendo y se fue encrudeciendo más lo que fui escribiendo porque me fui pareciendo

más a mí misma. Pude decir lo que me molestaba. Creo que en mi vida personal me fui desarmando. Pasé de

ser una chica de 30 años a los 15, a ser una chica 15 años a los 30. Yo estaba muy armada. Daba las charlas

antidrogas en el colegio, iba a catequesis, creía en el amor para toda la vida -no es que no lo crea ahora, sólo

creo que puede fallar-, creía en la confianza también. Pero bueno, la vida te atraviesa, y ahí ves que la gente te

puede traicionar, te puede mentir. Uno puede hacer daño a las personas. Y eso te va configurando. Maldad,

cantidad necesaria tiene que ver con eso. Tiene muchos años de mi vida. Años en los que me amigaba con el

cuerpo, años donde me peleaba, años que era mala, años en que era buena. Y Dos de azúcar es más cuento,

es un libro donde yo quise marcar la obsesión en un personaje. Y Doliente recupera algo de Maldad pero lo

exprime todavía más. En realidad yo me exprimo.  

 

 

Participás de numerosos encuentros literarios. Si escribir es un acto solitario, ¿Cómo vivís cuando

lo que escribiste es compartido por otros? ¿En qué se convierte eso que escribiste? ¿Y qué te pasa

a vos con ese cambio de lugar?

Hay algunos poemas que no leo en público. La última parte de Doliente que es Ternura inútil, en general no la

comparto. Me baja la energía, le puse mucho a ese texto. Es un texto donde vuelvo a escribir de amor con

mucha fuerza. Pero no me llena de energía leerlo al público.Yo pienso en la poesía como una inmolación. A

alguien va a salvar porque a mí me pasa que algo que leí o escuché de otro me ha salvado. A veces siento que

me expongo mucho, pero son distintas exposiciones. Pero después en la transparencia no queda nada por

perder. No escribo poesía como un diario íntimo. Para mí ya está todo dicho y lo que pasa después, queda en el

otro. No hay nada que el otro pueda adivinar. Yo ya me dí.

 

 

"Yo de chiquita me quería destacar. En realidad me

quería comprar una vanidad, ser admirada."

 

Compartís con hombres de tu confianza tus primeros esbozos de poesía. ¿Existe lo masculino y lo

femenino en la poesía? ¿Qué te pasa con la mirada del hombre?

Yo le tengo mucha fe a la mirada del hombre y sí existe lo masculino y lo femenino en la poesía. Nos interesan

otras cosas porque estamos educados de distinta manera. Las mujeres nos criamos con novelas y con Disney y

los hombres con Ben 10, fútbol y pornografía. Entonces siempre hay un desencuentro que hace que te

interesen otros temas. Los hombres se pegan un par de trompadas y después se abrazan. Las mujeres

podemos estar años recordándonos qué nos hicieron otras mujeres. Pero indefectiblemente hay algo femenino

y algo masculino que tiene que ver con la educación. Hoy en día me parece que está más cruzado, que puede

haber una ambivalencia. A mí me parece que hay poetas muy femeninas, como por ejemplo Gabriela Pignataro,

ella es súper sutil, elegante y yo no siento que sea ni femenina, ni sutil, ni elegante. No lo soy porque no me

sale ni en mi vida real ni en la poética. Y la mirada del hombre me interesa porque tampoco me interesa

escribir algo sectario. Le escribo al mundo entero. Y después hay hombres que a partir de mi poesía me dijeron

que entendían qué les pasaba a las mujeres, los reclamos de su ex. Tenemos configuraciones mentales muy

distintas.

 

Siguiendo con lo masculino y lo femenino. ¿Existe la violencia de género en la poesía?  ¿Sentís que

se puede hacer resistencia desde ahí?

Para mí existe. Cuando estaba escribiendo para Maldad, nombré la palabra puta. Esa palabra la utilicé para

denigrar a alguien más y después me pareció que no estaba bien cuando lo releí. No estaba siendo fiel con mi

género pero no en el sentido de la especulación, sino en el sentido de que sí ejercemos una violencia las

mujeres, con las mujeres. Siempre a la otra le va bien porque es linda, pero nunca es por su trabajo. Y me

parece que antes de viajar al encuentro de mujeres yo pienso dos o tres veces antes de decir algo o hacer algo.

Hay un poco de violencia de género, pero creo que se está corrigiendo. Hay un toque más de conciencia pero a

la vez está muy arraigado en la cultura.

 

 

¿Sentís que la poesía sirve para contrarrestar eso?

Sí porque hay otros canales. Por algún lado te llega. Quizás te encontraste con una frase que remite a ese

maltrato y te despierta.

 

 

¿Entonces hay una relación entre la sutileza y la violencia?

Existe en la medida en que existe la manipulación. La manipulación es unas de las formas de violencia más

extendidas y es súper sutil. Hay elegancia, hay buenas formas, buen tono de voz.

 

Otro tema. Formas parte de un programa de radio todos los domingos donde hacés una columna

de poesía.* ¿Qué descubriste en ese espacio? ¿En esa otra forma de comunicación?

A mí me encanta. Estoy más atenta con lo que pasa a mí alrededor. Escucho más, voy a más lecturas, trato de

ver qué es lo que está pasando. Para mí estar en una radio haciendo una columna de poesía de jóvenes

argentinos es muy importante. Yo trabajo en prensa y mi trabajo es embellecer al otro y que salga lo mejor

posible. Para mí tener un espacio en la radio donde puedo mostrar lo que hacen los demás es un poco eso. Es

no opacarse y ser la presentadora y decir, acá hay alguien que está haciendo esto. A mí me encanta hablar de

poesía, promover los eventos. Yo cuando conocí el mundo de la poesía, no sabía que existía. Ni que había un

montón de gente que escribía. Y cuando lo conocí, no hubo vuelta atrás. Me di cuenta que es una herramienta

de difusión muy poderosa. Que la gente sepa que hay jóvenes que se acuestan escribiendo poesía, que se

levantan escribiendo poesía, que sus salidas son ir a encuentros literarios donde se lee poesía. Eso es increíble,

es precioso. Ahí dije, todos tienen que conocer esto. A mí me cambió la vida.

* El gato escaldado – Radio AM750 – Columna: La poesía no se ajusta. Domingo de 6 a 10 hs.

 

 

Este año cumpliste 30 años. ¿Qué empezaste a ver a partir de ahora, que antes no?

Hice una fiesta para celebrarlo. Quise reunir a toda mi historia. Quería que mi familia participara de un

ambiente en el cual yo me muevo todos los días. Y que la gente que yo conozco de la poesía conociera mis

orígenes.  Ahora estoy en un período que todo lo que pasé fue por y para algo.Estoy entregada de lo que pase.

Me siento mejor que a los 20 años en el sentido de que antes estaba más atajada, con más miedo. Ahora sigo

teniendo miedos pero son distintos. Siento que me animé a hacer muchas cosas. Cuando amo, amo, cuando

sufro, sufro, cuando soy amiga, doy todo. Cuando no quiero a nadie, no quiero nada. A veces no mido lo que

hago pero yo en eso me siento libre. Mis 30 años en particular me trajeron buenas cosas. Una conclusión de

etapas, apertura de otras, reafirmación de otras. Estoy contenta con eso.

 

 

¿En qué palabra no creés?  

(Después de un largo silencio) Quizás en lo que tiene que ver con jurar o prometer. Todos te pueden mentir

bajo promesa. No sé si es la palabra o son las formas. Es más, me parece que todas las palabras son relativas.

En el levantamiento de banderas o asegurarle al otro algo, no creo. Constátamelo con hechos, y hasta ahí

nomás. Las aseveraciones totales, no creo en ninguna.

 

¿Qué es lo que aún no entendés de este mundo?

Las malas jugadas, la manipulación. Creo que sería todo más fácil si uno hablara más directamente o si hiciera

lo que tuviera ganas, teniéndole respeto al otro. Porque incluso vos podrías ser hipócrita con la otra persona,

pero te retirás. Ahí me parece que hay un daño adrede que se podría evitar. Porque hay un tiempo de

enamoramiento, de recuperación, de confianza, de excepción. Todos los vínculos tienen una repercusión en el

otro. Lo que no entiendo es eso, es la desconsideración del otro.