Entrevista :: Gustavo Di Pace

 

Por Pablo Milani

 

 

Entrevista a Gustavo Di Pace

 

“La plenitud es un sentimiento precioso, pero es efímero.”

 

Mañana de sábado desde un julio bicentenario. El lugar lo elige el entrevistado. Barrio: Belgrano R. Ciudad: Buenos Aires. Un bar en una esquina y al lado, la vía. Subo al primer piso decidido, elijo una mesa pegada a la ventana y me concentro en las preguntas que preparé ayer a la noche. Mientras tanto, a través del vidrio, irrumpe un sol que se esconde cada vez que lo miro a los ojos. Según el calendario es invierno, pero en la realidad no es muy convincente. Tres minutos después de lo acordado llega el escritor que publicó su primera novela hace unos meses luego de tres libros de cuentos. Tuya es la sangre (Alción Editora) es un policial, entre muchas otras cosas. Con ustedes, el escritor, Gustavo Di Pace.

 

                                                            

 

Entendiendo que Tuya es la sangre es un policial. ¿Cómo llega a ese género?

Bueno, en realidad no tenía intención de hacer un policial. Mi idea era escribir una historia y en lo posible crear un universo. Lo que pasó es que a medida que fui escribiendo fui dándome cuenta que esa historia era un policial. La escritura me hizo dar cuenta hacia donde perfilaba la historia.

 

Al terminar Tuya es la sangre me dio la sensación de que se dio todos los gustos. Es policial pero

tiene humor. Habla de cosas pesadas que rozan con lo autobiográfico. ¿Está de acuerdo con esto?

Me parece que en esa creación de universo se fueron dando estos elementos. Dicen por ahí que el arte parte de la realidad y crea otra cosa. Es innegable que hay datos autobiográficos. Pero también hay ficción y esa ficción parte de esa realidad. En esa mixtura se crea el hecho artístico. Respecto al humor o a ciertas cuestiones del cine argentino, todos estos datos me los pidió la historia. Yo no sabía en qué mundo me estaba metiendo, pero fue interesantísimo conocerlo a través de la escritura.

 

Mencionó al cine argentino. ¿Qué elementos toma de ahí?

Mirá, la víctima es un actor, un actor que fue grande en otro tiempo, en aquel del cine de los teléfonos blancos. El tema es que el protagonista no suscribía a ese tipo de cine comercial, sino, por el contrario, a un cine que no era muy visible. Él era un actor que trabajaba para películas que no llegaban al conocimiento de todo el mundo. Cuando llega el momento de su muerte, la prensa construye un mito acerca del que fue y del que ya no es. Pero lo interesante, para mí, es que él no vive de la nostalgia, sino que trata de seguir “siendo”. Así que esas fueron las partes de la novela que tenían que ver con el mundo de los actores, del cine de antes, y sobre todo, del cine independiente. Un cine que fui conociendo mientras escribía la novela.

 

Es una novela en la cual ante una muerte afloran cosas no resueltas de un pasado que vuelve

como en retrospectiva…

Exacto, él necesita ir al pasado para saber quién es, pero sin caer en esa trampa que es la nostalgia. Él quiere mirar hacia adelante.

 

Usted en un pasaje de la novela dice no llevarse bien con la realidad. ¿Es verdad que el escritor

necesita de otra realidad para escribir? ¿Salir de donde está?

Me parece que más que salir de la realidad lo que necesita es profundizarla. Necesita ir más allá de lo visible. El fotógrafo hace eso. Uno como autor hace eso. Paul Éluard dijo: “Hay muchos mundos pero están en éste.” Y creo que uno, conozca esta frase o no, profundiza en esta realidad aparentemente convencional. La escritura es un mundo posible.

 

En otra parte de la novela dice que profesiones y vocaciones no siempre coinciden. ¿Cómo puede

explicar eso?

Bueno, el fotógrafo entiende que una profesión es aquello de lo cual vivís. La vocación es algo más profundo y no siempre es tu sustento. Algunos logran que esa vocación sea un sustento y otros se la permiten sólo como un hobby. Él quiere vivir de su vocación pero, casualmente o no, para llegar a eso tiene que pasar por lo más bajo… un trabajo que no es artístico, sacar fotografías en escenas de crímenes. Él no sabe muy bien por qué llega a eso. Pero para salir adelante él se ve obligado a hacer algo que jamás hubiese hecho.

 

¿Cómo le parece que afecta al personaje la nueva realidad que encuentra a medida que avanza la

novela?

A medida que investiga el crimen de un modo paralelo con la investigación oficial (que por otra parte no hace demasiado), él termina descubriendo cuestiones profundas de su propia vida, a raíz de la muerte del padre. Entonces retoma una búsqueda artística, que también es una búsqueda íntima, que podrían ser lo mismo… Me parece que él no tiene miedo, tiene coraje ¿no?

 

¿Cuáles son los riesgos a la hora de escribir una novela? ¿Qué diferencias tiene con respecto al

cuento?

En cuestiones artísticas creo que los riesgos siempre son bienvenidos. Las diferencias con respecto al cuento fueron notorias. Yo publiqué tres libros de cuentos y tengo en mi cabeza el chip del cuento. Y yo acá estaba escribiendo otra cosa. Es otra manera de trabajar, por eso me llevó mucho más tiempo. Yo no quise, ni repetirme, ni que la historia no estuviese bien contada, trabajé mucho para descubrir a ese Di Pace que era otro Di Pace y que estaba dentro de mí también.

 

¿Siente que llegó a un lugar que no había alcanzado antes, al escribir esta novela?

Sin dudas, la novela te abre a posibilidades que el cuento no, por una cuestión de formato. Son géneros totalmente distintos. La construcción de universo de una novela no es sólo una definición sino que se experimenta.

 

¿Cómo fue la experiencia de escribir una novela? Entendiendo que una novela tarda años y que su

vida en ese transcurso del tiempo también va cambiando.

Me encanta la pregunta. Creo que fue todo un proceso. Uno es el mismo pero al mismo tiempo va cambiando. Esta novela yo la empecé a escribir en el 2003. La reescribí cuatro veces y yo no soy el mismo después de 13 años. Mientras escribí esta novela, fui escribiendo otros libros. Incluso otros géneros, como la poesía, el ensayo. En mi vida pasaron muchas cosas. Me mudé, fui papá, con todo lo que eso significa. Pero creo que la historia valía la pena ser contada. Yo la quería a esta historia y por eso la terminé más allá de mis cuestiones personales. Es mi pequeño regalo al mundo.

 

Parafraseando a Fito Páez, él dijo una vez que un disco no se termina, sino que se abandona.

¿Pasa lo mismo con una novela?

Me pasó con esta novela y pasa en definitiva con toda escritura. En algún punto tenés que terminar, aunque sepas íntimamente que todo podría ser re-escrito, infinitamente. Está bueno llegar a ese éxtasis que significa poner un punto final. Aunque sabés que en el fondo vas a necesitar más y más. De ese modo se construye un artista… y un ser humano ¿no? Con la falta, con lo que aún no se hizo. Siempre querés otra cosa. La plenitud es un sentimiento precioso, pero es efímero. El artista no descansa.

 

A esta novela, ¿Le pudo poner punto final en su cabeza también?

No, no pude. Los personajes de Tuya es la sangre son para mí como las fotografías de los seres queridos que ya no están.

 

 

 

"Yo la quería a esta historia. Es mi pequeño regalo al mundo."

 

 

 

Lo he visto en redes sociales posando con discos de bandas de Heavy metal. ¿Qué papel juega la

música en su literatura?

Yo siempre digo que quiero ser como escritor el músico que no fui. Para mí la música es muy importante y no sólo por la mención que hago de ella en los textos, sino por la forma que tengo de vincularme con la palabra: la sonoridad, el ritmo. Mis referentes son tanto Borges, Cortázar y Felisberto Hernández, como Whitesnake, Led Zeppelin, Yes o el Génesis con Peter Gabriel.  Yo creo ser quien soy también por la música que escuché y que sigo escuchando. Me gusta todo tipo de géneros. Me encanta Charly García, Spinetta, John Coltrane, Miles Davis. Me encanta Beethoven. Pero lo que me constituye profundamente es el rock.

 

Tuya es la sangre, ¿Tiene una banda de sonido?

 

Sí, me parece que en la presentación surgió la banda de sonido. Un amigo, Francisco del Amo, me hizo un

BookTrailer. Recuerdo que le dije vamos a ponerle un poco de rock a esto. Seleccioné fragmentos de diferentes

libros y él, con algunas canciones que le pasé, armó el video. Y una de esas canciones que suena cuando

aparece en imagen el flyer que anuncia la presentación de Tuya es la sangre quedó realmente bien. Es de la

banda Racer X. Sentí que música y texto se unían. Son esas pequeñas epifanías que suceden, en la creación

misma. Y siempre le voy a estar agradecido a Francisco, que además de músico y escritor, es un amigo del

alma.

 

Además de escritor, usted es coordinador de talleres. Enseñando, ¿También se aprende?

Sí, se aprende muchísimo. Creo que en el diálogo se construye conocimiento. Yo siempre digo que soy una especie de guía, un motivador, un divulgador de estas cuestiones. Más allá de que éste sea mi medio de vida, yo divulgo arte. Motivo a la gente a leer y a escribir. Eso ya es muy rico de por sí. Recibo un montón de cosas que ninguna otra profesión podría darme, porque viene gente con ganas de crear, de pensar, de humanizarse. Gente que tiene ganas de otra realidad, una que está más allá de la que muestran los diarios y la televisión. Y esta forma de vincularse trae afectos. Te lo digo y me conmuevo.

 

Viene haciendo talleres de Julio Cortázar hace varios años. ¿Pudo definir su literatura? Difícil ¿no?

Es inasible. El laberinto no sólo le cabe a Borges, que prácticamente se apropió de ese concepto. Creo que todo gran artista, al decir el mundo de otro modo, logra una obra que se reinterpreta todo el tiempo. No se puede abarcar en su totalidad. El hecho de la relectura hace que uno mismo se haga preguntas y trate de explicarse lo inexplicable que es el mundo. Además, yo creo que Cortázar es el único autor que casi no se repitió. Fijate que todos sus libros son distintos. Siempre tuvo el hecho artístico como búsqueda, algo que no es muy frecuente. Siempre buscó modos de decir distintos. Puede gustarte o no, pero no podés negar el mérito de no repetirse a sí mismo. Para mí eso en un artista es clave.

 

¿Está de acuerdo con la decisión de que nunca haya vuelto al país?

Son decisiones muy personales. A mí me parece que lo importante son sus libros. Después, si se equivocó, si debería haber vuelto en algún determinado momento y no lo hizo... Eso para mí está en un segundo plano, por lo menos en el caso de un artista. Porque la verdad es que si nos ponemos a juzgar a los artistas por las cosas que dijeron, o por las cosas que hicieron en sus vidas, creo que no podríamos leer a nadie. Todos somos seres humanos. Todos cometemos errores. Todos hacemos cosas con las cuales va a concordar la mitad de la gente y la otra mitad no.

 

¿Cuáles son sus últimas lecturas que lo hayan entusiasmado?

Estoy leyendo varios libros a la vez. De diversos géneros, además. La poesía de Hugo Mujica la disfruto mucho. La leo y la releo. Hay otro escritor argentino cuya escritura me interesa, se llama Fabián Soberón, vive en Tucumán. Después, bueno, para mí Fontanarrosa es un descubrimiento. Yo no lo conocía tanto… me encanta. Ah, y Ariel Basile tiene lo suyo. Ahora en este momento me acuerdo de ellos. Seguramente en otro momento me acordaré de otros.

 

¿Qué está haciendo ahora?

Ahora estoy escribiendo bastante poesía. También estoy escribiendo un libro de humor con un alter ego que tengo, que es un escritor maldito, una especie de diario. Me gusta el humor. Es otra faceta mía. A veces pasa que la gente que está conmigo se ríe mucho. Entonces me dije: vamos a ver si se pueden reír leyendo un libro mío también. Ah, y también estoy escribiendo un libro que intenta ser una cosmogonía espiritual.

 

¿Qué es una cosmogonía espiritual?

La verdad no lo sé, pero me gustaría ver qué es.

Tengo ganas de escribir una cosmogonía espiritual aunque no sepa qué es.