Entrevista :: Clara Muschietti

Por Pablo Milani

 

Entrevista a Clara Muschietti

 

Nació en 1978 en Buenos Aires. Es fotógrafa y poeta. Publicó los libros de poesía La campeona de nado (Ganador de la

convocatoria anual de la editorial iROJO 2007) y Karateka (El fin de la noche, 2010). Participó de las antologías Poetas

argentinas 1968-1980 (Ediciones del Dock, 2008), Un libro oscuro (Bajo la luna, 2012), Penúltimos. 33 Poetas de Argentina

(1965-1985), (UNAM, México, 2014) y Felina, antología para gatos (La tuerca, Puerto Rico, 2015). En 2013, el Fondo Nacional

de las Artes le otorgó una beca a la creación en el área de letras.  En 2015 publicó Podría llevar cierto tiempo (Bajo la luna)

 

 

Elegiste dos caminos,  la poesía y la fotografía. ¿Qué es lo que te atrajo de cada una de ellas?

Yo empecé a sacar fotos a los 10 años. Mi abuela me preguntó qué quería para mi cumpleaños. Le dije: “Una cámara de

fotos”, y me la regaló. Y ahí empecé. Después con la poesía desde que tengo uso de razón. En mi casa había muchos libros y

mis padres nos leían mucho también, se tomaban ese trabajo. Entonces desde siempre tuve contacto con las dos cosas. Con

la poesía tal ves un poco antes. Aunque empecé a escribir de grande, leí siempre y eso me ayudó.

 

¿Crees que se relacionan entre sí?

Yo creo que sí, que desde algún punto se relacionan. Es imposible que no se crucen. Al menos de manera inconciente.

Con respecto a tu libro, Podría llevar cierto tiempo.

¿Por qué habría que tener otra naturaleza? ¿En qué no estás de acuerdo con ella? ¿O qué le cambiarías?

En realidad el original de esa frase es Debería haber otra naturaleza en nosotros que se refiere a otra forma de estar en el

mundo. De otra forma de comprenderlo. No la naturaleza en la que vivimos, sino otra. Quiere decir; necesito otra forma de

ver el mundo porque con la que tengo no puedo. Y también, no tanto con la naturaleza de que sea todo natural, los lugares

abiertos no me gustan. Me gusta ir al mar, la playa, pero después dejame vivir en Buenos Aires, disfruto de la ciudad, el

subte, mi lugar es éste. El silencio fuera de la ciudad hay que soportarlo. 

 

Hay un poema tuyo que dice

Me resulta imposible creer

toda la información que me dieron sobre el mundo

 

¿Crees que no es un mundo confiable este para escribir poesía?

No es un mundo confiable para nada. 

 

¿También debería haber otro mundo?

Sí, sería genial. Pero también es éste el mundo que me genera cosas y que me hace escribir. No sé si de verdad quisiera otro

mundo. Soy muy desconfiada. De chiquita les tenía pánico a los adultos. Sólo confiaba en un par nada más.

 

¿Tiene que ver con ese mundo donde te mentían por tu bien?

Mis padres nos mentían por nuestro bien

Puede ser sí. Yo siento que a mí me costó mucho adaptarme a todo. De chiquita era terrible en el sentido de que era muy

miedosa. Y ahora soy grande pero sigo siendo la misma. Aprendí a vivir con eso. La poesía para mí es mi salvación en el

mundo. Cuando dejo de creer en todo, vuelvo a la poesía.

 

¿Te parece que el escribir es algo que no se debería mostrar?

No hay nadie que nos mira

 

Más allá de escribir un libro, entiendo que es todo un proceso.

¿O es más bien es un acto binario?

Cuando empecé a escribir no esperaba nada. Lo hice porque estaba muy deprimida. Me sentaba en la computadora y

escribía. Y nunca me enganché demasiado con la narrativa. Yo leí siempre poesía, y lo que escribía me salía en verso.  Escribí

400 poemas en menos de un año y no hay nada publicado de eso. Además, mucho de eso lo perdí. Y una vez que me

recuperé y me empecé a sentirme bien, dije: “A ver si algo de todo esto vale la pena”. Y ahí empecé a ir al taller de Irene

Gruss. Yo corrijo sola y ella me dio las claves para eso.

 

En tus poemas pude registrar que tenés un sostenido estado de melancolía donde tus recuerdos de infancia

tienen un papel determinante. ¿Es así?

Sí, esto me pasó sólo en este libro, no en los anteriores. Me concentré con la idea de escribir sobre recuerdos y jugar,

inventar recuerdos que pasaron, pero que en realidad no pasaron. Y ahí aparece mucho la infancia. Pero es la primera vez

que escribo sobre esa etapa de mi vida.

 

¿Por qué pensás que las personas te dicen lo que no te quieren decir?

Tiene que ver, de nuevo, con esa mentira en pos del bien?

Tiene que ver con esa desconfianza de la que te hablaba antes. Para mí en todo hay como una especie de código que hay

que descifrar o algo que en realidad es otra cosa. Y de alguna manera es una forma de escapar de la realidad para salir del

aburrimiento. Es como abrir una puerta y ver qué hay del otro lado. Me parece que pasa por ahí.

 

Coordinas un taller literario ¿Se puede enseñar a escribir?

¿Hay algo que vos ves desde el principio en tus alumnos?

¿Cómo es ese proceso?

Enseñar a escribir no. Trabajo mucho corrigiendo, sobre los textos. Hago preguntas. Y veo unas evoluciones tremendas.

Desde el 2009 que coordino talleres. Hay algo que para mí es fundamental. A veces uno necesita escribir cosas que el poema

no necesita. Ver el poema como una máquina que funcione sola.

 

Con respecto al escribir y querer compartirlo con el otro. ¿Qué crees que cambió Internet?

Internet cambió todo y me parece que para bien. Y más para la poesía. La posibilidad que te da Internet de leer cosas que si

no estuviesen ahí, te costaría mucho más llegar. El hecho de que alguien te recomiende un autor y poder buscarlo

inmediatamente y leerlo, eso no tiene precio. Para la difusión de la poesía es algo muy bueno. Tampoco pienso que se

escriba más porque exista Internet. Porque escribir por el sólo hecho de pensar que te van a leer, eso te destruye. El escribir

sigue siendo un acto solitario, aunque después compartas eso que escribiste con miles de personas.