La cordillera :: Santiago Mitre

 

Por Pablo Milani

 

La cordillera

Santiago Mitre

2017

 

 

La nueva película de Santiago Mitre (Buenos Aires, 1980) parece dejar de lado la necesidad de seducción del espectador. Se

enreda, se traba, no sabe cómo salir de la red que él mismo supo construir con su propia pluma. Y además, quiso a Ricardo

Darín en el papel principal, nada más y nada menos que interpretando al Presidente de La Nación, y lo logró

gracias innumerables sponsors, además de filmarlo en un lugar paradisíaco.  Pero parece no alcanzar hasta acá. ¿Qué es lo

que quiere contar La cordilleraAnte todo hay una barrera simbólica que separa al espectador de la película en todo

momento. Una frialdad dispuesta a querer alejarse y dejar al espectador a un lado, con la obligación de tener que interpretar

donde no hay suficientes elementos bien contados. Es también un thriller psicológico, pretencioso desde lo visual pero que

decae en subtramas dentro de un espacio críptico y repulsivo a la vez. En tiempos donde sobra política y faltan políticos, el

planteo de La cordillera parece ser la de estos tiempos que corren. Haber elegido a un actor como Ricardo Darín hace las

cosas más difíciles. El actor en cuestión tiene que hacer un doble esfuerzo, primero ganarle al personaje y luego ser creíble

en su papel, y aquí no lo logra, no por una mala interpretación, sino porque la historia no logra conmover del todo. Sino,

¿Para qué vamos al cine?, no importa que no sea verdad. Vamos para que alguien logre conmovernos con una historia. 

 

 

 

De nuevo, ¿Qué es lo que nos quiere contar Santiago Mitre?  Él es un  presidente de provincia. No llama la atención y en más

de una ocasión prefiere estar en otro lado, ser otro. Parece que mientras el actor camina, se aleja del personaje, se quiere

escapar de él, se siente incómodo. Se muestra abatido, primero junto a su Jefe de Gabinete (Gerardo Romano), luego con su

hija (Dolorez Fonzi), después solo, y así termina perdiendo. Una cumbre de mandatarios latinoamericanos en Chile será el

escenario donde se desarrolla la película, en plena cordillera y del lado del país andino. Cabe destacar la muy cuidada

fotografía a cargo de Javier Julia (Relatos Salvajes) y la impecable dirección de arte de Sebastián Orgambide (El clan). Están

los saludos correspondientes para cada uno de los presidentes de habla hispana y luego la intervención de cada uno de ellos

apelando a sus propios intereses. Hasta ahora el espectador se pregunta si esto es un tema y si está yendo hacia algún lado.

Como no podía ser de otro modo, irrumpe el Jefe de Estado de EEUU haciéndole una propuesta indecente a nuestro

mandatario en privado. La trama se interrumpe con la llegada de la hija del presidente. Harta de ella misma y con una

historia detrás que el espectador desconoce. Ella tiene un brote psicótico por esa desconocida historia y el Presidente

interrumpe su agenda para rescatarla. Una vez más Santiago Mitre abre puertas en la película que no logra explicar y

entonces lo que transmite es una lista de temas sin desarrollar. Hay algo sin resolver, se queda en la mitad y entonces la

confusión es mutua, la de los actores por un lado y la distancia cada vez más lejana del espectador de la pantalla, por otro.

Pero uno sigue ahí porque quiere que esas puertas una vez abiertas cuenten de qué se trata. Y entonces la película da un

giro demasiado brusco hacia un punto ciego que no se deja percibir. Sin duda la escena más lograda de la película es cuando

el actor principal decide salir del personaje a base de insistencia y maneja un auto en plena ruta junto a su hija entre

recuerdos de tiempos felices. No creo que haya sido un error la elección de Ricardo Darín en La cordillera, es que el público

quiere ir a ver a Darín, el personaje, y ejemplos sobran. En sus últimas dos películas, ésta y Nieve Negra, no logró ganarle

al personaje, entonces la decepción es aún mayor y esto termina arrastrando al resto de la gente de Nieve Negra y La

cordillera. ¿Qué hubiese pasado si Santiago Mitre hubiese elegido a otro actor como protagonista?, seguramente el

resultado hubiese sido distinto. No la historia, sino lo que viene después de ella. De aquí en más Ricardo Darín tendrá que

pensar cada paso, si es que quiere seguir adelante como actor y no repetir la historia de Al Pacino y Robert De Niro, que

llevan más de 20 años sin lograr un papel a su altura. Cabe destacar que Santiago Mitre fue director de excelentes films como

El amor -primera parte- (2005), junto a Alejandro Fadel, Martín Mauregui y Juan Schnitman y la aclamada El Estudiante

(2011) y como guionista, Leonera (2008) y Carancho (2010) entre otras. Pero a veces el pasado tampoco alcanza.